jueves, 26 de marzo de 2009

Coces contra los Prohombres.

¿Puede usted imaginar a una persona que haya estado dispuesto a sacrificar todos sus bienes personales, a arriesgar su vida por veces incontables, a poner en peligro a la de sus seres queridos llegando a perderlos en algunos casos como consecuencia del cumplimiento de su deber y en fin, estar dispuesto, si es necesario, a entregar uno de los valores más sagrados de la dignidad humana: la libertad?
Actualmente me encuentro siguiendo la popular serie norteamericana 24 Horas protagonizada por el excelente actor de origen canadiense Kiefer Sutherland ganador un Premio Emmy y un globo de oro por su papel en la serie, en la cual encarna al soldado Jack Bauer. En ella, el protagonista, quien tiene el perfil descrito en la pregunta del párrafo anterior, es acusado por el estado de cometer algunas acciones ilegales relacionadas con el procedimiento de interrogación que este hombre lleva a cabo a terroristas que tienen informaciones claves para desmontar atentados de dimensiones colosales, y basado en eso, el gobierno de su país pretende condenarlo a cadena perpetua.
Desconozco el derrotero que seguirá esta serie, que en el momento de escribir estas líneas, se encuentra a algo más de la mitad de la temporada; pero lo cierto es, que este tipo de acciones de las sociedades contra sus héroes no es exclusiva de la mente fecunda de los creativos escritores de la industria del séptimo arte norteamericana, pues ya varios siglos antes de la era cristiana hubo prohombres que tuvieron que pasar por la hiel del ostracismo.
Desde entonces una constelación de inmolados han destellado sobre la historia de la humanidad pasando por personalidades de la estatura de Simon Bolívar, Juan Pablo Duarte, Ernesto Guevara de la Serna (El Che), Mahatma Gandhi, Y el mismo Jesucristo que jamás recibieron el reconocimiento merecido de las sociedades en que vivieron y a las que sirvieron.
Y que de aquella constelacion de héroes desconocidos quienes no tuvieron ni siquiera la dicha de algún tipo de tributo póstumo, y que dieron, genuinamente todo de sí a cambio de la ingratitud y el postrer olvido de sus semejantes?
Esos héroes desconocidos, que no sólo correspondieron al pasado, pues aún hay hombres y mujeres los cuales, quizás con una enorme carga de ingenuidad, siguen creyendo y luchando por las instituciones humanas, y por ellas, están dispuestos a esforzarse de tal forma que llegan a sacrificar cosas personalmente preciadas en extremo, a cambio de proteger el bien mayor, esto es, aquello que a todos nos conviene más. Sólo Dios sabe cuantos hombres y mujeres, de estatura heroica, han debido pagar el precio de adoptar ideas que siempre correspondieron a los aislados grandes espíritus, que según Einstein, “siempre han encontrado oposición violenta de las mentes mediocres”, y que ahora más, por medio del denominado capitalismo salvaje, son pateados continuamente por nuestras sociedades que sólo celebran el logro de las riquezas materiales sin importar el medio a través de los cuales las mismas fueron adquiridas.
El derrotero que la humanidad ha elegido a lo largo de los siglos es peligroso. Estamos compelidos a proteger a aquellos que están dispuestos a sacrificar el disfrutar lícitamente de los placeres de la vida a cambio de su obsesión por el bien de sus semejantes

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