Mantequilla
Desde mi perspectiva, la
falta de un plan de escape para cuando cayera el sistema ponzi que estaba
construyendo Wilkin García (Mantequilla) es evidencia suficiente de que este
sujeto, con toda sinceridad, no tenía ni idea de la catástrofe económica que él
estaba causando a su pequeño y empobrecido pueblo. Ni siquiera sabía que estaba
construyendo un sistema basado en el esquema ponzi. No estaba ni familiarizado
con el término que aún hoy le da dificultad pronunciar correctamente. Todo eso
lo descubriría después.
Para mí, la ilusión de que él
había dado con una “fórmula mágica” con la que se enriquecería era genuina, y
que con ella iba a poder pagar sin problemas a sus así llamados “inversionistas”.
Estoy convencido de que hay
un problema con la siquis de Mantequilla que le lleva a creer con convicción
ciega en su error, así que pienso que el perfil del individuo, que incluso podría
rayar en lo peligroso, puede y debe ser escudriñado desde la psiquiatría -que
es un área de expertise que me es ajena- más que desde ninguna otra área del
saber.
Aun en el error, la
obstinada persistencia de este sujeto, así como la autoestima que proyecta que
lo hace verse a sí mismo de una forma en que ninguna persona con al menos de
dos dedos de frente lo haría, hacen de este individuo un caso de estudio que no
se debe soslayar.
El error conceptual del π
El primer problema en la
cosmovisión del señor Mantequilla empieza desde el mismísimo nombre de la “compañía”,
a saber 3.14 Inversiones World Wide –en
directa alusión al π (número Pi)-, y su errónea concepción de que π representa
al número infinito.
El π, fuera de representar
una relación muy especial de la geometría, no es otra cosa que uno más del
conjunto infinito de los números irracionales, característica que parece que
comparte con el protagonista de este artículo.
Por lo que hoy se sabe,
todo parece indicar que la famosa fórmula del así llamado “fenómeno de Sabana
Grande de Boyá” consistía en anticipar los números que iban a salir en las
loterías o bancas de apuestas con un grado de precisión tal que, aunque hubieran algunos desaciertos, el número de aciertos pagaría con creces las pifias esporádicas.
Es la sospecha del autor de
este artículo que de alguna manera la “fórmula mágica” está vinculada con la
secuencia de números que está después del punto del número π, sacando algún
provecho místico a la forma pseudo
aleatoria con que se organiza la cantidad infinita de cifras que hay a partir
de la décima de ese famoso número.
Sin embargo, no existe nada
místico ni mágico en este número salvo el que le sea asignado por la mente
ignorante.
Ley de los números grandes
Ahora, al margen de la
veracidad de la hipótesis del autor que relaciona la “fórmula mágica” con el
que para Mantequilla es el “misterioso número π”, lo cierto es que a
pesar de los intentos que se han hecho a lo largo de la historia para vencer al
sistema de loterías, siempre resulta infructuoso por un concepto que en estadísticas
se conoce como la Ley de los números
grandes. Luego, sea que el Pi sea un elemento de la fórmula que pretende
vencer a la aleatoriedad de las loterías, o sea que no lo sea, el intento
infantil de formular una metodología que lo haga no es otra cosa que una
necedad expoliada por la mismísima ignorancia.
De acuerdo a esta ley estadística,
cuando las muestras son muy pequeñas cualquier cosa puede pasar, es decir, cabe
la posibilidad de que al tirar tres veces una moneda todas las veces salga cara.
Sin embargo, a medida que la muestra se incremente, la tendencia inexorablemente
será que el número de caras que aparezca de las tiradas de una moneda sea un
valor cada vez más cercano al porcentaje esperado, en ese caso, al cincuenta
por ciento.
Muy conscientes de esta
Ley, las loterías sacan provecho de ella, y apoyados en la misma han sido cuidadosamente diseñadas
de modo tal que la cantidad de dinero que el jugador se saque sea menor (aunque
sea ligeramente) al monto que correspondería si se sumara el costo de cada
ticket multiplicado por la cantidad de números disponibles. Ese hecho hace que,
a la larga, la casa siempre gane, como se dice popularmente, y no existe ni
existirá nunca fórmula alguna que viole ese principio. Convencerse de lo
contrario no conduce a otra cosa que al colapso del que Mantequilla ha sido víctima,
a quien su obstinación parece hundirlo aun más.
La inviabilidad contra las bancas de
apuestas
Fuera de la falacia de la “fórmula
mágica”, la alternativa para ganarle de forma sostenida a una lotería más
dinero que el que se pierda seria que la rifa no sea genuina, y que de alguna
manera haya una componenda entre el jugador, y la persona responsable de
generar los números. Pero esa, a todas luces sería una actividad ilícita,
condenable por cualquier sistema legal del mundo.
Ahora bien, aun en el hipotético
y ficticio escenario en el que sea posible vencer de forma consistente a las
loterías, quedaría el problema de que tal actividad de enriquecimiento
financiero no sería sostenible, porque lo que terminaría ocurriendo es que las
loterías terminarían quebrando y hasta ese momento llegaría ese negocio.
Verán, como las bancas de
apuestas no producen nada, en absoluto, para que ellas puedan obtener
beneficios y ser rentables, es necesario que el conjunto de sus clientes pierda
dinero. Es lo que se conoce como negociación de suma cero, en donde una de las
partes gana exactamente lo que la otra parte pierda.
Y es que, desde la
perspectiva de este autor, las bancas de apuestas deberían ser gravemente
penalizadas, porque a detrimento de la perdida financiera de sus clientes es
que produce algún tipo de beneficio solo al dueño de la banca, únicamente a cambio
de proveer una esperanza que por pura matemática elemental nunca llega a
materializarse para la enorme mayoría de los jugadores ilusos, incluso a
aquellos que se han convencido de haber encontrado la forma “mágica” de vencer
ese sistema.
Pero digamos que la fórmula
resulta tan fantástica que al menos logra empatar con la lotería (Cosa que es
casi tan improbable como ganarle). En ese escenario, ¿cómo rayos se financia
una operación en la que 3.14 Inversiones
World Wide se ha comprometido con sus “inversores” en devolver las
inversiones hecha a este “emprendimiento” con cien por ciento de beneficio en
un mes o menos?
El esquema ponzi ineludible
La respuesta ha sido
ampliamente discutida por expertos y medios de comunicación: esquema ponzi, al
que de manera eufemística el propio Mantequilla llamó “semi pirámide” para
describir en lo que al final del día terminó siendo su propio procedimiento
para pagar.
La prueba más convincente
de que todo esto es un fiasco es el hecho de que tan pronto dejaron de llegar
las “inversiones” sobrevino el caos financiero, con lo que queda claro que
nunca hubo producción real del dinero que se “invirtió” al principio, al menos
con la rentabilidad fabulosa que él había estado ofreciendo.
Es decir, como no es posible
ganarle a la banca (y nunca lo será), no quedó de otra que de hecho llevar de
manera prácticamente inalterada esta forma de estafa que ya tiene más de cien años
de existencia, y llevarla a cabo, además, en su forma más rudimentaria.
El razonamiento anterior
puede incluso aplicarse al caso en el que se logren modestas ganancias contra
las bancas de apuestas, cosa que, nuevamente, es imposible en la práctica,
mucho menos para pagar los beneficios fabulosos que ofrece el señor Mantequilla.
¿Cómo se crea la riqueza?
Pero la pregunta más relevante
aquí es ¿cómo es posible que a estas alturas del siglo XXI existan comunidades enteras
en esta parte de la isla en donde la única posibilidad de progreso esté, para
ellos, en las manos de un mago que cual Houdini{ con sus elefantes, logra
desaparecer de la vista de los espectadores lo evidente?
Yo creo que, como se ha
cacareado tantas veces, el problema está en nuestra educación deficiente. Y
dentro de esa deficiencia, en el hecho de no comprender de una vez y por todas
lo que es, y cómo funciona el dinero.
El dinero no es riqueza, solo
la representa. Entender esa diferencia de una vez y por todas es vital. Para
que exista creación real de riqueza necesariamente tiene que haber una de dos:
o bien transformación de materia prima en productos que agreguen valor a la
vida diaria de las personas o de las industrias, o bien debe crearse algún
servicio que sirva al mismo propósito de esos productos. Esa es, en el sentido
material, la definición de riqueza.
Nunca ha habido ni habrá
otra forma de creación de riqueza. Como dijimos, el dinero con el que se
transacciona esa riqueza únicamente la representa, y pretender generarlo sin
el sustento de producción real tarde o temprano termina necesariamente mal.
Incluso la más deleznable
de las actividades productivas (digamos que la producción y distribución de narcóticos)
requiere de un enorme esfuerzo de producción y de distribución. Es una
actividad nociva, no hay dudas, pero es capaz de producir un bien que al ser
valorado por mucha gente le otorga a la mercancía final un valor que, aunque
subjetivo, no es muy distinto al de los bienes considerados lícitos.
Cualquier cosa distinta a esa
no es producción real, es pretender montarse y abusar del sistema dinerario que
ciertamente muchas personas han logrado burlar, pero no con el andamiaje tan
mal montado, como el así llamado 3.14
Inversiones World Wide.
Un síntoma social grave
Pero, nuevamente, la
interrogante que la sociedad debe proponer y resolver es ¿cómo es que todavía a
más de dos meses de haberse puesto en evidencia la fragilidad de aquel castillo
de naipes sigue siendo este personaje tan relevante?, ¿Cómo es posible su aparición
en medios de comunicación de alcance nacional, algunos de los cuales extrañamente
le son muy complaciente?, ¿Cómo es posible que este personaje se pasé por Santo
Domingo como si tal cosas, y que no en pocas ocasiones sea ovacionado como un
auténtico rock start?
¿Qué hay en nuestros cerebros caribeños que este personaje de huecas palabrerías tiene ese poder de persuasión tan
fuerte?, ¿qué le ha permitido navegar esas aguas turbulentas después de casi
tres meses de su evidente y anticipado colapso? Ciertamente hemos debido haber
hecho muchas cosas mal hechas para que al día de hoy este sea el resultado.
De ahí que más allá del análisis
psiquiátrico al individuo que se sugirió al inicio de artículo, pienso que no debemos
dejar pasar esta interesante oportunidad de estudio sociológico si aspiramos a
seguir existiendo como nación, como unidad cultural, en fin, como país.
Entre otras muchas hipótesis
que se pudieran formular y que de seguro pueden perfectamente convivir, yo me
permito sugerir una a los especialistas que espero sea tomada en consideración.
Quizás el éxito (si se le puede llamar así) del afamado Mantequilla derive del
hecho de su parecido a gran parte de la población dominicana que
lamentablemente no acaba de entender que no existe ni existirá ninguna fórmula
secreta para el dinero fácil. Que en el trabajo, en el estudio y en la innovación
está el futuro de nuestra y de cualquier otra sociedad.
Pero la verdad es que ¿qué
se puede esperar de un país donde la cantidad de bancas de apuestas casi
duplica a la cantidad de farmacias, recintos educativos e iglesias juntos, e incluso casi duplica a una de
las instituciones más arraigada en la cultura popular dominicana: los colmados?
Es que no se puede esperar
otra cosa cuando toda perspectiva de progreso está asociada a un golpe de
suerte, sea este ganar un número en la lotería, ser designado por algún partido
político por el que se haga campaña, o entregar las esperanzas a un mesías de
esos que “duplican” en un mes o menos tu inversión.
Creo que no se debe dejar
pasar esta oportunidad para evaluar y hacernos conscientes de cuánto nos puede
llegar a costar la ignorancia de nuestro pueblo, no solo en términos de la enorme
cantidad de dinero que le ha sido defraudada a una pequeña comunidad tan empobrecida
como Sabana Grande de Boyá, pero especialmente en convertir en referente a un
individuo que crea unas fantasías numéricas de las que él mismo es víctima. Hay
que hacer algo al respecto, pero ya. No necesitamos esperar un censo nacional
para eso. La realidad es tan palpable, evidente y dolorosa como para darle
larga a este problema tan ancestral y medular de la realidad dominicana.
Una esperanza final
El crecimiento material y
humano de nuestro pueblo es posible, claro que sí. Milenios de historia de la
humanidad así lo han demostrado. Pero ese crecimiento nunca vino de la mano de
hechiceros y adivinadores que nunca han conducido a nada, vino de la mano del
trabajo, del esfuerzo, del estudio, de la innovación que se tradujo en
desarrollo de la ciencia, de la técnica y la tecnología que eficientiza la producción de los
bienes y servicios reales.
Ciertamente aún hay
oportunidad de que nuestra sociedad salga adelante, no debemos perder la
esperanza. Pero una cosa sí es segura, no será de la mano de ningún Liborio del
Siglo XXI.